Los pingüinos de la Antártida -los típicos rechonchitos de frac negro sobre blanco...- se llaman Adela porque Adélie era el nombre de la mujer del tal Jules no-sé-qué que los descubrió a finales del siglo XIX paseando por esos lares. Caprichos de la Naturaleza, los pingüinos Adela construyen sus nidos con piedras, y claro, las piedras no abundan en la Antártida. Pues bien, en el único caso conocido de prostitución aviar, la pingüina Adela, monógama ella como buena pingüina, cuando su pareja está lejos, acostumbra a prestar favores sexuales a otros machos solteros a cambio de piedras grandes y buenas. Los machos “clientes” se quedan en ocasiones tan satisfechos que las hembras consiguen más piedras sin sexo, sólo a cambio de unos coqueteos. Una hembra especialmente coqueta logró 62 piedras con ese método. Llámala boba.
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miércoles, 6 de octubre de 2010
A oveja muerta, oveja puesta
Hoy inicio la andadura de la segunda oveja roja de la familia. La primera nació, creció un poquito, no se desarrolló nada... y murió. Murió medio de hastío, medio de aburrimiento, medio de abandono. ¿O serán tercios? Bueno, el caso es que como desde Dolly sabemos clonar ovejas, aquí está la sucesora. Cuánto durará, para qué servirá, y otras preguntas con verbos en futuro, está por ver.
De momento, me he liado: intentaba yo saber algo más de activación del feed del sito y del seguimiento por RSS de los blogs cuando La Oveja se ha hecho seguidora de sí misma sin darse cuenta. ¿Será una señal? Y si es así, ¿de qué?
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